lunes, 2 de mayo de 2011

hoy tengo ganas de ti

Hoy tengo ganas de ti. Lo he sabido desde el preciso momento en que he abierto los ojos esta mañana y he respirado el ambiente que envolvía mi habitación. Daba igual a lo que oliera, porque no olía a ti. Mis sábanas, mi piel, mi boca, no tienen tu aroma.

El paso de las horas ha logrado que tu ausencia se haya hecho más presente aún. Y es que me he acostumbrado a que intentes hacerme cosquillas sin cesar, viendo después tu cara de decepción por no conseguirlo. Me he acostumbrado a tus brazos rodeándome, al calor que me proporcionas. A la ternura con la que secas mis lágrimas y a tus besos en la punta de la nariz. Que me he acostumbrado a que te rías de mi inocencia, trates de hacerme enfurruñar y que te encante lograrlo.

Que soy un animal que, al fin y al cabo, se acostumbra a las cosas buenas de la vida. Pero tengo miedo, y esa es otra costumbre, aunque no de las buenas. Miedo a que esto no progrese, a que nos estanquemos y un día todo haya desaparecido. Porque tú eres capaz de lo mejor y de lo peor, y yo ya he arriesgado tanto en esta vida que me siento vulnerable y frágil cuando no me encuentro segura. Y tú, a día de hoy, eres muchas cosas, pero no una cosa segura.

¿Sabes qué es lo más bonito que te puedo decir? Que, siendo ya mayo, lo que más deseo es que volvamos a pasar frío juntos.
- Pero, ¿cómo puedo saber que lo estoy haciendo bien?, ¿cómo se que no me estoy equivocando?.
- Eso no lo sabrás, no, hasta que lo intentes.. tal vez te equivoques pero ¿y qué más da?, si no lo intentas tampoco lo conseguirás. Y si no lo haces tu, ten por seguro que otro lo hará y quizás ese otro lo consiga.. y entonces te arrepentirás toda tu vida de no haberlo intentado, de no haber arriesgado y créeme.. esa sensación es mucho peor que la dulce satisfacción de haberte equivocado.
- ¡Tienes razón! Debería intentarlo.
- ¿Deberías? ¡HAZLO!

juguemos a ser adultos

+ Juguemos a ser adultos para que podamos ser libres, para que no tengan que decirnos lo que debemos hacer, estoy cansada de tener que madrugar para ir a clases, de tener que comer las verduras que tanto odio, de que mis padres no me dejen jugar con mis amigos todo el tiempo que quiero y de que me obligen a acostarme temprano todas las noches.

- Sabes una cosa... jugemos, pero cuando lo hayas probado seguro que no querrás volver a jugar a ser adultos, porque desearás volver a ser pequeño, porque ya no tendrás a nadie que te diga lo que debes hacer sino que te obligarán a hacerlo, porque no tendrás que levantarte pronto sino que perderás el sueño y lo peor es que ya no tendrás suficiente tiempo para estar con tus amigos.
¿Estás segura de que eso es lo que quieres?

+ No lo sé...

Me iré igual que vine

Me iré como vine, con las manos tan llenas de bonitos recuerdos, de palabras de amor guardadas muy dentro, acompañada de un viejo álbum de fotos y esa cajita en la que guardo todo mi tiempo.



Me iré con un beso, en el susurro del viento, junto al rocío en las mañanas de invierno, con tu imagen muy cerca de mi pecho. Me llevaré todo lo que un día conocí, y todo lo que dejé por descubrir, para cuando crea no recordar nada de lo que viví, salga e inunde todo mi pensamiento. Me quedaré... me quedaré en aquel rinconcito, allí donde el todo y la nada se unen en perfecta armonía, haciendose cómplices de nuestra locura infinita. Me quedaré para que cuando creas que no te miro o parezca no mirarte, poder encontrarte, allí, hasta que el sol se apage.

rozando con la yema de los dedos

Bell era una chica soñadora, siempre iba de un lado para otro a paso lento disfrutando de las vistas del camino, todos los días pasaba por delante de un moral, era enorme con una base ancha, tanto que hacía falta tres personas con los brazos estendidos para poder rodearlo, un día se plantó delante de él pensativa, como si una brillante idea estuviera a punto de iluminar su mente, al día siguiente, probó a colgarse de un rama para comprovar si era lo suficiente monte fuerte para sopartar su peso, y sí lo era, acababa de ener una brillante idea, corrío a toda prisa hasta su casa cosa que casi nunca había probado y le gustó esa sensación, un dulce aroma a moras, el viento rozando su cara, removiendo su pelo.
Tardó apenas 10 minutos en llegar, subió las escaleras hasta el desván y se puso a rebuscar entre los montones apilados en la esquina derecha, una sonrisa iluminó su rostro cuando encontró lo que buscaba, ya tenía dos fuertes cuerdas, y solo le faltaba algo en lo que sentarse, una tabla de madera o quizás un neumático, todo podía serle de gran utilidad pero se decantó por una tabla gruesa de madera, le dió una capa de pintura y ya estaba lista para contruir uncolumpio, uno que la haría poder tocar el cielo con las yemas de sus dedos, tardó varias horas en montarlo pero todo el esfuerzo merecío la pena, cuando se montó en él podía sentir que volaba, y conseguía olvidarse del mundo, solo estaban el columpio, ella y la suave brisa del viento.
La princesa cansada de esperar a que su principe azul llegara decidió buscarlo ella misma, escapó de su cuento de hadas, de su mundo de fantasía, uno de papel y tinta.
Buscó en el país de las maravillas, en nunca jamás en todos los lugares que le venían a la mente, pero nada, lo único que conseguía era cansarse más, las piernas ya le flaqueaban pero no se rendía tan facilmente, ella no era una de esas princesitas que se sentaban a esperar en su castillo de cristal, no, a ella no le importaba despojarse de su vestido palabra de honor, ni de sus zapatos de cristal, agotada decidió descansar cerca de una fuente, se sentó en un banco que ya estaba ocupado por otra persona, a este no pareció importarle que ella se sentara en el mismo banco. Desesperada lanzó un grito a los cuatro vientos:
+ ¿Porqué no puedo encontrarte mi principe azul?
El chico que había a su lado se giró y sus ojos se iluminaron
- Mi dulce princesa por fin te encuentro.
Ella al escuchar eso se dió media vuelta y lo miró a los ojos y una sonrisa salió de su carita de porcelana
+ ¿Por qué has tardado tanto en dejarte encontrar?
- Se supone que soy yo quien te debe encontrar y no al contrario.
+ Yo no soy una princesa como todas las demás, yo... soy una princesa... - comenzó
- ...lejos de su cuento de hadas - finalizó él

;)

Tengo doscientos mil veinticuatro defectos, sí. Como tú dices tonta, caprichosa y cuando quiero lo más borde del mundo. Soy incapaz de quedarme callada dos minutos si me quedo callada es que me pasa algo, o de no reírme a veces cuando me cuentan algo serio. Te pongo de los nervios, no me estoy quieta, no puedo estar dos segundos sin moverme. No tengo el mejor cuerpo, sino uno del montón, no tengo nada en especial, ni ojos preciosos, ni labios increíbles, y de lo que me falta en una parte, me sobra en otras. A veces me vuelvo loca, y grito, grito mucho.... Mi risa es contagiosa.Soy celosa, muy celosa, tanto que cuando veo a alguna que se te acerca, me encantaría ir corriendo y tirarle de los pelos, aunque sepa que sólo es tu amiga.Me pico, con motivo..hay veces que me duran dos minutos, pero otras veces me duran días. Cuando me doy cuenta, que es una tontería me arrepiento del tiempo perdido.