miércoles, 11 de mayo de 2011

yo te esperare...

hablo de ser feliz

Hablo de pintarte las uñas de color verde si te da la gana y de vestirte con las camisas de tu padre, de escuchar reggaeton a todo volumen y bailar como loca o de pintarte como una puerta o de comer tantas chuches que te pongas mala, hablo de sonreír si tienes ganas y si no también, la vida es hoy y mañana no sé sabe y de enfadarte si te dan los motivos necesarios, hablo de saltar por la calle y gritar las veces que te dé la gana su nombre, el tuyo o de gritar simplemente tu canción preferida, hablo de mirar el cielo aunque te tomen por loca, sueña despierta, de ponerte tonta si te hacen cosas que no te gustan y también hablo de irte de fiesta a liarla como nunca, de liarte con el primero que te parezca más guapo, se superficial por un día que no pasa nada, sonriele a la zorra que te ha robado el novio y sácale el dedo con esa sonrisa jajaj y a la gente que te odie y te mire mal sonriele y que vean que tú no te molestas en odiarlos y que eres feliz a pesar de todo lo malo, haz lo que se te dé la gana en cada momento, donde quieras y con quien quieras, mira por ti porque dudo mucho que alguien más lo haga, hablo de amar y de aprender de los errores.
Vive, ríe y ama por sobre todas las cosas, nunca permitas que nadie te robe tu vida, tu sonrisa y tu amor porque nadie es tan importante como para que tu pierdas las tres cosas más valiosas de la vida.

el valor de las palabras.

Una palabra puede ser más potente que una lluvia de misiles, porque una palabra dicha, o no dicha, gritada o susurrada puede desatar una revolución.
Uno no se da cuenta de todo lo que tiene que decir hasta que empieza a decirlo. Las palabras están ahí, atrapadas en tu cabeza, quieren salir, quieren ser dichas, quieren ser gritadas
Uno cree que las palabras dan respuestas... pero dan algo más poderoso: preguntas.
Decir algo es muy potente, pero más potente aun es no decirlo. Porque el silencio también tiene palabras, pero son palabras guardadas, elegidas, que esperan pacientes el momento de ser reveladas. A veces solo hace falta abrir la boca para que se desate un huracán porque las palabras cuando llegan te despiertan aunque también pueden distraer, engañar.
Las palabras son pensamientos que se convierten en acción, actuar es la mejor palabra porque no se dice, se hace. Estas provocan, inquietan, movilizan.

Porque cuando todo perdió su valor la palabra puede rescatarnos.
Hay que creer y confiar en el valor de las palabras.

lunes, 2 de mayo de 2011

Fumo porque en el humo creo verte.

Te has marchado, ya te has ido


Te tenía a mi lado pero estaba intranquila. El calor sofocante de la habitación y comprobar que su sueño era profundo no me dejaban a mí conciliar el sueño. Al finl me dejé llevar, calmé mis lágrimas y mi respiración entrecortada y le abracé por la espalda.

No sé en qué momento me encontró el sueño, pero sé que caí en sus redes. La prueba de ello fue la ligereza de mi lengua a la hora de soltar confesiones. ¿Por qué trataba de inventarme una realidad paralela en la que decía todo lo que en verdad callo?

Mis ojos te miran, aunque no como siempre. Están rogándote que entiendas todo lo que te quiero decir sin que sea necesario pronunciar una sola palabra. Te están tratando de transmitir que ya sólo eres tú, que desde hace tiempo ya no hay nadie más... Que ya no quiero a nadie más. Que deseo con todas mis fuerzas que tú sientas lo mismo.

Oigo un ruido a lo lejos. Está rompiendo nuestro momento. Mi momento de sinceridad. Nos alejamos y me doy cuenta de que es el despertador el que me está trayendo de vuelta, el que hace que en minutos te despidas de mí y cruces la puerta de una habitación que huele a ti, que tiene tus huellas dactilares en cada centímetro de su dimensión.

Te has marchado, ya te has ido, y yo me pregunto cuándo reuniré la fuerza necesaria para hacer de mi sueño una realidad.

Remeber me


Hace un rato que me he perdido entre tus fotografías. Imágenes y recuerdos que no pertenecen en absoluto a mi vida, pero con los que ya estoy más que familiarizada. Incluso me he sorprendido riendo de forma espontánea con algunas instantáneas en las que aparece gente que no tengo el gusto de conocer... Tu vida.

Repito: tu vida. Una vida en la que yo sólo tengo una aparición estelar. Sólo coloco una pieza en ese inmenso rompecabezas. Tu vida... Podría tratar de robarte piezas, hacerme con ellas y colocarlas yo, sin que te dieses cuenta. Adquirir protagonismo. Pero no, así no se hacen las cosas. Eres tú el que debe darme las piezas que quieras. Ni una más, ni una menos.

Caliento un café y me dejo caer en mi cama, acomodándome entre los cojines, mientras la misma idea sigue dando paseos en mi cabeza. Tu vida. Contiene un pronombre personal en segunda persona del singular que dista mucho de pertenecer al pronombre personal de la primera persona del plural que es el que a mí me gustaría. Tu vida, nuestra vida. El puente que separa ambos conceptos es inmenso. ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Cruzar? ¿Andar? ¿Yo sola?